Delirios

Compartiendo la experiencia

Me dispongo a intentar explicar lo que para mí han sido una serie de experiencias muy fuertes y significativas en mi vida, con el objetivo de poder, al compartirlas con el lector/a, ayudar a aquellos que pudieran pasar por circunstancias similares a que éstas sean más llevaderas.

Yo tengo una peculiaridad en mi vida, y es que he pasado en numerosas ocasiones por la dura circunstancia de tener un brote psicótico y salir de él a las pocas horas, pues por suerte siempre he estado acompañada de mi familia o amigos que han dado la alerta a los médicos y he sido tratada convenientemente.

La razón de un brote psicótico puede ser por diversas causas, pero en mi caso, siempre ha sido por una crisis de trastorno bipolar, en la vertiente de manía o hipertimia.

Rasgos de un brote psicótico

Cuando empieza todo, en mi caso, se dan varias circunstancias. Dejo de dormir de manera total, a veces han sido hasta 8 días. Imaginen el agotamiento físico y sobre todo mental para mi persona: me encuentro excesivamente activa, muy creativa, realizando muchas cosas a la vez y sacando adelante mucho trabajo. Pierdo el apetito y como mucho menos, adelgazo de repente y me muestro muy contenta y habladora, de manera que “despisto” a los demás que me rodean pues parece que más que entrando en una crisis , lo que estoy es pasando por una época de esplendor y mucha actividad creativa y positiva.

Pues bien, no es de esta parte de la crisis bipolar de la que voy a hablarles. Aunque con matices, normalmente se siente uno bastante feliz y se pasa el tiempo muy rápido en esta fase.

Quiero centrarme en lo que viene después. En el “ATERRIZAJE”, es decir, aquello que sucede cuando familia, amigos y médicos detectan cómo estás y la necesidad de medicación mucho más fuerte o bien de un ingreso en una unidad de psiquiatría de un hospital.

En mis primeras crisis, siempre solía coincidir con un viaje, un curso de formación de esos muy intensos que requieren muchas horas de trabajo y que te hacen establecer relación con muchas personas…es decir, situaciones muy estimulantes. También el hecho de comenzar una relación con un hombre, sintiendo eso que llamamos “enamorarnos”, han sido a veces detonantes de una crisis bipolar para mí.

Por último, también he sufrido una crisis después de tener un largo periodo de tiempo de sobre esfuerzo mental por preparar una oposición a la vez que trabajaba y me ocupaba de mi hija, de mi madre enferma, etc…

Ahora imaginen por un momento, que están viviendo en una irrealidad…puede ser positiva o negativa, entendiendo por ello, que las sensaciones que les produce dicho hecho es una felicidad exultante porque por ejemplo se “creen” que van a conseguir algo muy ansiado, o bien lo contrario, una creencia espantosa que les hace vivir en un auténtico infierno.

Pues bien, en ambos casos, la experiencia es muy dura, pues si dejas de tener aquello que anhelabas y que creías habías conseguido, el chasco es impresionante.

Y por otro lado, si lo que has vivido es una creencia de que algo terrible te pasaba a ti o a tu familia (en eso consistían mis delirios), por un lado sientes alivio, pero por otro, casi en todas las ocasiones , has ingresado en una unidad de psiquiatría del hospital, y sabes que te toca afrontar días allí, con lo que conlleva de estar fuera de tu entorno, sometida a las reglas y normas del centro, sin poderte comunicar apenas con la familia y amigos, tomando mucha medicación que te da muchos efectos secundarios, y un largo etcétera.

"Por un lado sientes alivio, pero por otro has ingresado en una unidad de psiquiatría del hospital, y sabes que te toca afrontar días allí"

Mi experiencia con la psicosis

Voy a contar sólo un ejemplo de tantos vividos por mí.

La segunda vez que tuve que ingresar en psiquiatría, mi brote psicótico me produjo un delirio que consistía en que algo me decía que uno de mis hermanos iba a morir. Si yo giraba la cabeza a la derecha moriría uno y a la izquierda el otro. Cuando llegué al hospital, el médico ni siquiera pudo hablar conmigo, yo solo movía la cabeza de derecha a izquierda de manera muy rápida, sin querer que aquello que yo creía que era cierto ocurriera, sin querer elegir entre mis hermanos, sin saber qué hacer…tampoco entendía que podrían hacer por mí los auxiliares, las enfermeras o el médico que me trató. Yo solo sufría y ¡de qué manera!, imagínense.

Me pusieron una inyección. A la mañana siguiente oí el canto de unos pájaros y sentí una paz tremenda. Abrí los ojos y vi los árboles a través de la ventana de la habitación. Pensé, todo ha pasado, todo está bien, ha sido una pesadilla…y en la habitación entró un trabajador del hospital al que yo conocía porque fui la profesora de su hijo. El ver una cara conocida me hizo llorar por el sentimiento de estar cuidada. Después tuve la visita de mis padres, y vinieron unos días duros en la unidad de psiquiatría, no diré que no, pero soportables, con compañeros y compañeras que estaban pasando por algo similar a lo mío, de los que aprendí muchas cosas.

En esta ocasión el aterrizaje fue un alivio, pero en otras, me negaba a aceptar que tenía que estar ingresada o bien que estaba tan mal como parecía.

Quiero comentar, que este hecho no lo conoce ni mi familia ni ningún psiquiatra o psicólogo con los que he estado más adelante. Mi mente suele borrar los momentos de “brote psicótico”, o bien me resulta demasiado duro compartirlos y revivirlos.

Sin duda el “Aterrizaje” es la parte más dura de padecer una crisis bipolar con un brote psicótico, pero todo acaba en poco tiempo con la ayuda de la medicación porque dormir te sana, al menos a mí. En esa ocasión, solo pasé una semana en el hospital, y en tres días viajé al extranjero por trabajo, cuatro días en los que pude rendir, dormir bien y reanudar con normalidad mi actividad diaria. Parece mentira, ¿no?

Ana. Profesora.

La autoría de este artículo pertenece enteramente al paciente que lo ha redactado, habiéndolo cedido a SAMON para su publicación . Algunos datos personales han podido ser modificados para privacidad del autor/a.

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